El regalo de Navidad del año pasado no gustó. Qué cambiar este año.
Guía para quien tiene que volver a organizarlo y, esta vez, acertar.
Pasa más de lo que se dice en voz alta. Se reparten las cestas y todo el mundo se va de vacaciones. Nadie se queja formalmente, pero tampoco nadie habla de ellas. O se habla en corrillos, que es peor, y aparece alguna broma sin gracia en la primera reunión de enero. Y cuando se cierra la campaña, alguien pregunta si de verdad merece la pena.
Si el año pasado te pasó esto, hay que replanteárselo. Esto es lo que conviene mirar antes de repetir con el mismo proveedor.
El problema casi nunca es el presupuesto
La reacción habitual es pensar que el presupuesto se quedó justo. A veces es cierto. Muchas otras no: el dinero estaba, y lo que falló fue el reparto.
Una cesta de doce artículos donde solo dos merecen la pena cuesta lo mismo que una caja de tres artículos buenos. La diferencia no está en cuánto fue el presupuesto, sino en cuánto de ese presupuesto se fue en cosas que la persona de verdad valora, aprecia y quiere abrir.
La pregunta útil no es cuánto costó, sino cuántas cosas siguen aún en la despensa.
Cómo saber qué falló, sin montar una encuesta
No hace falta montar un cuestionario. En una oficina se sabe perfectamente qué ha funcionado y qué no. Tres señales bastan:
- El comentario informal. Un buen regalo genera conversación sola: «qué bueno estaba el jamón», «esto no lo conocía, ¿dónde se compra?». Si alguien pregunta dónde comprarlo, has acertado.
- El silencio. Cuando nadie dice nada después de abrir la cesta, ya sabes que no ha gustado. No hace falta que se queje nadie.
- Dónde acabó. Si la cesta se usó para el amigo invisible o se regaló entera, no era para quien la recibió. Según una encuesta de la web de regalos Aladinia, el 56% de los trabajadores acabó regalando los productos de su cesta.
Los cinco fallos que más se repiten
1. El surtido lo decidió el proveedor a su conveniencia
Es el más difícil de detectar y el que más cuesta, y explica buena parte de los otros cuatro. Hay proveedores que componen el lote según lo que a ellos les interesa colocar: lo que tienen en almacén, lo que les deja más margen, lo que les sobró de la campaña anterior. No según lo que encaja con vuestro presupuesto y con vuestra gente.
Las señales son dos. Que no se adapten: cuando pedís cambiar algo, la respuesta es que el lote es el que es. Y que os intenten convencer de que ese producto que les sobra, o el que más margen les deja, es lo mejor del mercado.
2. Producto de relleno
Artículos que ocupan sitio y suben el número de referencias, pero que nadie echaría de menos: surtidos genéricos, conservas sin marca reconocible, botellas que no se identifican. Se nota enseguida: si alguien no sabe decir qué había en la cesta tres días después, iba llena de relleno.
3. Todo intercambiable
Cuando un catálogo ofrece elegir entre ron, ginebra, cava o vino para el mismo lote, está diciendo que el contenido da igual. Lo que se vende ahí es el volumen de la cesta, no lo que hay dentro.
4. Se decidió tarde
En noviembre ya no se elige: se coge lo que queda. La calidad del regalo se decide en septiembre y octubre, cuando todavía hay surtido disponible y el proveedor puede comprar en condiciones.
5. Se pidió por catálogo, sin hablar con nadie
Un lote de catálogo está diseñado para servir a mil empresas distintas. No conoce a vuestros empleados, ni vuestro presupuesto real, ni si la gente está en la oficina o en casa.
Qué preguntar a un proveedor antes de repetir o cambiar
Cinco preguntas que separan a un proveedor de producto de un distribuidor de catálogo:
- ¿Me puede decir la marca o el origen exacto de cada cosa que va dentro? Si la respuesta son categorías —"queso curado", "vino tinto", "surtido de dulces"— ya sabéis lo que va en la caja.
- ¿Qué pasa si quito un artículo y subo otro? Un proveedor que compra en origen puede recomponer. Uno que revende lotes cerrados, no.
- ¿Cuál es su fecha límite real de pedido y por qué? Si no sabe explicar de dónde sale esa fecha, probablemente no está comprando, está revendiendo.
- ¿Quién me atiende si algo sale mal el 20 de diciembre? El nombre de una persona, no un formulario.
- ¿Puede entregar a domicilios individuales y a oficina a la vez? Con teletrabajo, esto ya no es un extra.
Qué hacer distinto este año
Lo que más cambia el resultado, por orden:
- Menos artículos y mejores. Tres cosas buenas se recuerdan; doce mediocres, no.
- Que todo tenga nombre. Marca cuando la marca es lo que importa; denominación y origen cuando eso es lo que importa. Nada genérico.
- Decidirlo cuanto antes. Septiembre y octubre, no noviembre.
- Hablar con una persona, cara a cara. Una conversación de veinte minutos afina más que tres horas de catálogo.
Cómo lo hacemos nosotras
La Lianta monta cajas de Navidad para empresas con producto comprado en origen en Huelva. Trabajamos solo en campaña de Navidad y no tenemos catálogo cerrado: partimos de cuatro cajas y la composición final se decide con cada cliente.
Uno de nuestros clientes llegó exactamente así, buscando algo mejor que lo del año anterior. Acabó pidiendo más de 2.500 cajas para todos sus empleados.
El plazo para pedidos de esta campaña termina el 15 de octubre.
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