El regalo de Navidad para clientes no es el mismo que el de los empleados
Guía para quien manda cajas a clientes, no a empleados.
Casi todo lo que se lee sobre regalos de empresa en Navidad da por hecho que el destinatario son los empleados. Pero hay muchas compañías —despachos, agencias, consultoras, empresas de servicios— para las que el regalo va hacia fuera: a los clientes que han confiado en ellas ese año.
Es un encargo distinto y falla por motivos distintos.
La diferencia de fondo
Un empleado recibe un regalo de su empresa al año. Un buen cliente recibe quince detalles en diciembre. Está en su oficina viendo llegar regalos y felicitaciones de todos sus proveedores, y comparándolos sin proponérselo.
Eso cambia el baremo. Para tus empleados, el regalo tiene que gustar. Para tus clientes, además, tiene que distinguirse de otros catorce.
No compite con no regalar nada. Compite con los regalos de los otros catorce proveedores.
De la felicitación a algo que se disfruta
Muchas empresas empezaron mandando una felicitación. Luego un correo. Luego el correo se convirtió en algo que queda enterrado en la bandeja de entrada.
Una caja hace lo que un correo no puede: se abre, se comparte y se disfruta en compañía. Cuando lo que hay dentro es bueno de verdad, apetece sacarlo cuando hay alguien delante. Ahí es donde está el recuerdo.
Los cinco fallos del regalo a clientes
1. Se confunde el regalo con el soporte publicitario
El error más común y el que más cuesta: llenar la caja de marca.
- Un logotipo grande.
- Un folleto dentro.
- Una tarjeta comercial.
El cliente no quiere un expositor: quiere algo que le apetezca abrir y disfrutar. La marca se recuerda por la experiencia y por el nivel de lo que hay dentro, no por el tamaño del logotipo ni por la cantidad de veces que aparece.
2. Se elige por precio y no por reconocimiento
Un cliente que os factura miles de euros al año sabe perfectamente cuánto vale lo que tiene delante. Un producto que no reconoce, en una caja anónima, dice algo sobre cómo le veis. Y lo dice sin que nadie tenga que comentarlo.
3. Llega tarde
Una caja que llega el 24 de diciembre encuentra la oficina vacía y a nadie que la recoja. Con clientes, la ventana útil es más estrecha que con los empleados: hay que entregar cuando todavía queda gente trabajando, y con margen para que el detalle se comente antes de que todo el mundo desconecte.
4. Todos reciben lo mismo, sin criterio
No todos los clientes son iguales, ni el presupuesto es infinito. Tiene más sentido dos o tres niveles bien pensados que una única caja para doscientas cuentas de tamaños muy distintos.
5. La logística se subestima
Esta es la diferencia operativa grande. Los empleados están en dos o tres centros de trabajo. Los clientes están en doscientas direcciones distintas, cada una con su persona de contacto, su horario de recepción y su portero. Un envío a doscientos destinos no es un envío grande: son doscientos envíos.
Y hay una decisión que se pasa por alto: enviarlo todo a la oficina del cliente es más cómodo, pero el regalo deja de ser personal y, cuando en esa oficina unos reciben y otros no, genera agravios. El envío a domicilio es más discreto y llega a quien tiene que llegar. Se puede combinar: unos destinatarios a la oficina y otros a casa.
Lo que hay que tener resuelto antes de pedir
- La lista, actualizada. Nombre, cargo, empresa, dirección completa, correo electrónico y teléfono de contacto. Es lo que más tiempo lleva y siempre se empieza tarde.
- Quién recibe qué. Si hay más de un nivel de caja, decidido antes de pedir presupuesto.
- La tarjeta. Si va un mensaje personalizado por cliente, hay que escribirlos. Doscientos mensajes no se improvisan en diciembre.
- La fecha de entrega. Antes de que las oficinas empiecen a vaciarse.
- Los destinos fuera de España. Si hay clientes en otros países, hay que saberlo desde el principio: cambia el plazo y el coste.
Cómo lo hacemos nosotras
Una de las cuentas con las que trabajamos es exactamente este caso: una agencia de relaciones públicas de Madrid que nos encarga desde la campaña 2021-22 las cajas que regala a sus clientes, en España y en el resto de Europa. Cinco Navidades seguidas.
Trabajamos con dos composiciones distintas para ese cliente —una de tierra y otra de mar— y entregamos donde haga falta: a la oficina, a domicilios uno por uno, o combinando las dos cosas, siempre con seguimiento del envío. Atendemos en español y en inglés.
El plazo para pedidos de esta campaña termina el 15 de octubre.
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